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lunes, 7 de abril de 2014

Jóvenes sofistas



Existe un sistema para empujar a los estudiantes a un foro de debate. Se sortea una lista de temas y toca a quien toca. Punto. Argumentos a favor y en contra porque el alumno no sabe qué postura deberá defender hasta el día del combate verbal. 

"Me caerá el aborto..." "Está en la lista y me caerá a mí..."
"Me cayó el aborto... ¿Y ahora qué?"

Me acordaba de los sofistas, que han pasado a la historia por la dialéctica, el arte del convencimiento al margen de la verdad. Quizá fueron ellos los que inventaron la demagogia. Y a eso deben jugar un grupo de jóvenes aspirantes a periodistas. Nadie se plantea una negativa excepto una chica alta, delgada y con cara de niña. Se dirige al profesor con educación pero convencida de lo que ha decidido.  

"...si me toca defender el aborto no participaré en el debate" ¡¡?? "... comprendo  que eso significa un cero, pero no puedo ir contra la vida; no existen argumentos para matar a un ser humano..."... no, no es lo mismo que argumentar a favor o en contra de una opinión..." "... no me pida que lo haga; discúlpeme... es que no lo haré".

Tampoco es necesario montar un número, pero sí va siendo hora de dejar claro que CONCIENCIA OBLIGA.  Colocar al mismo nivel en este particular ring una trifurca sobre -se me ocurre- la salud de nuestra Monarquía, la españolidad del Peñón... y la vida humana es paralelo a equiparar opinión, certeza y verdad. Alguien podrá decir... "¿Y qué es la verdad?" La verdad es lo que es. Y lo que es... o es verdad o no es. 

Estos jóvenes, que a veces damos por perdidos, van y nos dan una lección. Chapó, Blanca.


lunes, 13 de enero de 2014

Solo vale sumar.


Esto es el mundo al revés. Meses antes son basura; después, los reyezuelos de la casa que consiguen con un llanto que el mundo se postre a sus pies. 

Asfixiarlos con agua y sal en el seno materno es irrelevante. Querría pensar que es fruto de la ignorancia, de no saber qué es exactamente lo que se sustrae del vientre una vez el bebé ha muerto. En este caso lo correcto sería emplear la oración pasiva. El bebé no muere voluntariamente... Es "muerto", que en español no contempla otra fórmula de expresión que no sea "es asesinado".

"Vamos a contar mentiras"; me sobra el "tralará", que el tema es demasiado serio como para andar con tonterías de literatura barata. "En el mar corre la liebre, por el monte las sardinas" y los bebés son el objeto de todos nuestros desvelos cuando nacen, cuando se desprenden del claustro materno.  Antes... antes... es solo un tiempo previo  a todo por lo que mataríamos después. 

Alguna pieza no está en su sitio o no encaja... o falta o sobra. Y nos devuelve una imagen surrealista, incoherente. La lucha por la vida es un frente en el que lo propio sería sumar. Por tantos y tantos niños que mueren a causa de falta de alimentos, medicinas, condiciones higiénicas + por tantos ancianos abandonados a su suerte + por familias enteras que enferman a causa del hambre y la falta de techo + por  las víctimas del terrorismo, de los genocidios + por la abolición universal de la pena de muerte... Más. Sumar. Cualquier atentado a la dignidad del ser humano, a la vida sin fisuras donde se pueda colar un resquicio de duda... es suma. También la de los no nacidos. También.






martes, 8 de octubre de 2013

"Tempus... fugit".


Fotografía: Robert Doisneau
Hacen falta dos portátiles más en la República. El mío acaba siendo de uso común. No es que "mis cosas", las entradas del blog, carezcan de importancia para los ciudadanos; más bien manda la urgencia en realizar trabajos de clase que ahora ya no se entregan en mano. El ordenador personal es necesario, pero en este momento no viene bien el desembolso. 

Con la llegada del otoño se recortan mis horas de sueño, así que aprovecharé para sentarme frente a la pantalla mientras ellos siguen soñando que querrían seguir durmiendo unas horas más. 

Desde que construyeron la autovía, solo se oye el teclado. Algún automóvil que va o vuelve de la ciudad... poca cosa más. No veo el mar pero puedo escuchar el oleaje mientras intento recordar todo lo que quería escribir cuando no dispongo del portátil. 

No es agradable comprobar que la cañería por donde deberían fluir las ideas hasta encontrar "el nombre exacto de las cosas" está atascada...  Será quizá porque lo que no encuentra la vía en el momento que es engendrada no anida... como el embrión al que se le niega la primera cuna en el vientre de su madre. Si a mí me duelen las ideas mudas, cómo será el sufrimiento del instante en el que la mujer tiene conciencia de haber negado la vida. Dios, que no me olvide nunca de los no nacidos...

El tiempo puede ser como Atila. Dicen de él que por donde pisaba no crecía la hierba. O como el arroz, que se pasa aunque la publicidad invente nombres y cualidades sofisticadas. El tiempo también hace "bola" en el corazón del adolescente si no descarga el alma a tiempo (y valga la redundancia). No hay cañería suficientemente ancha. Y entonces hace falta un líquido abrasivo que dinamite lo que se ha endurecido. Si hubiéramos estado vigilantes, a tiro, sin el entrecejo siempre fruncido... tal vez hubiera sido más sencillo. 

Disculpad las divagaciones. Igual no venían a cuento. Ha amanecido y se me ha quedado en la punta de la lengua un interrogante. ¿El tiempo lo cura todo?  En el siguiente post intentaré abordarlo con experiencias contrastadas. Espero no dar tumbos como en esta entrada.



viernes, 19 de abril de 2013

"El jardín" de la vida.


El debate no ha hecho más que empezar y ya vamos mal. Se apunta donde las moscas gordas y negras revolotean; lo que no huele bien es la causa y ninguno de "ellos" se baja de la tarima y de su particular dialéctica para examinar qué produce estos efluvios. 

Al contrario que el fallecido Paco Umbral (e.p.d.), yo no "he venido a hablar de mi libro", ni de mis convicciones religiosas, ni de los obispos, ni de la disputa entre conservadores y progresistas... Otro rato, si acaso... si se aborda la trascendencia del ser... De la vida, sí. Y aunque me meto en un jardín lo hago a sabiendas. 

Recuerdo aquellas clases de lógica en las que estudiamos la noción de tautología. Es el que es; es el que vive; el que vive es un ser vivo...  Cuesta explicar lo que no requiere explicación por evidente. 

Al hilo de aquella traída y llevada respuesta de la diputada y ex ministra sra. Bibiana Aído cuando se le preguntó qué era un feto de trece semanas, a saber "un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque no tiene base científica", una deduce que mejor nos iría a todos si reflexionásemos antes de emitir según qué aseveraciones. 

¿Cuándo un ser humano es un ser humano? Nada de lo que nace, crece, se reproduce... y muere surge de la nada (valga la redundancia), salvo lo creado. Todo empieza en un momento; la vida del hombre, también. De nadie se puede predicar que está "un poco muerto" o "un poco vivo". Se trata de una antonimia perfecta, distinta a aquellas que permiten grados intermedios como "blanco"/"negro". Si la ventana no es blanca, tampoco es obligatoriamente negra... La podríamos haber pintado de azul, rojo, verde, esmeralda... Pero si  la misma ventana no está abierta, está cerrada y viceversa; la lengua es muy rica en matices y emplea vocablos como "entornada", "semiabierta", "medio cerrada"... abierta de todos modos. De la misma manera, quien no está muerto, está vivo... y viceversa. Así, del concebido solo podemos decir que o es un ser humano o no lo es. No hay término medio. Por las mismas, la vida humana... o se protege o se le da la espalda. En cualquier punto de su existencia es o no es. 

Si es... no me explico el argumento con el que se reivindica "este es mi cuerpo y con él hago lo que quiero". ¿Un cuerpo o dos? El feto es un ser que vive ya desde el inicio de su concepción. Luego son dos cuerpos; uno independiente y otro que depende de la madre para crecer y llegar a ser también independiente. Dos vidas. Una es el nido, el refugio, el alimento... de otra vida. Si la mano del hombre no lo impide, podremos seguir dando la bienvenida al hombre sin cuestionar su valor intrínseco.

Ya termino... No quería escribir una entrada de pancarta. Me dejo mucho. Mis afectos y el dolor que me produce comprobar el tono banal de los debates sobre el aborto, como si de una operación de estética se tratase y aun gracias. Me invade una extraña e inquietante zozobra cuando percibo que a la persona se le adjudica un precio de temporada, de rebajas o de saldo. Quizá va siendo hora de rescatar la cordura.