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viernes, 25 de septiembre de 2015

Balada de otoño.


Las tardes son algo más frescas. Me escondo siempre que puedo en la mesa de la terraza. Leo, escribo... A mi manera rezo. Es más fácil a cielo abierto, observando los árboles de hoja perenne. Tras ellos se intuye el mar. Presiento un otoño tibio como las lágrimas dulces y sosegadas. Es el pre invierno mediterráneo. Cala despacio. Solo lo advierto cuando no noto los pies y me abrigo los brazos con los propios brazos. 

Sin querer, como la languidez de un suspiro, ha llegado el otoño. 
"... soy un fue, y un será, y un es cansado..." No he tenido reposo este verano. Respira, respira. Está cerca el alumbramiento aunque la luz se va escondiendo y se planta la noche. Me voy a hacer la cena. Rompe el silencio el chasquido de los tenedores preparando tortillas sin pan.

Y "el pan nuestro de cada día dánosle hoy".Y mañana. La Esperanza también.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Hermanos de sangre.




No camino tan deprisa como ellos. Subimos la calle cuesta arriba y hace calor. Los observo desde una distancia que me permite mirarlos con infinito amor y dejar volar las emociones sin que lo adviertan. Esta vez no me permito el lujo de llorar; estropearía el clima cálido y distendido.

Dos de mis tres hermanos. El número dos y el tres de una familia catalogada como numerosa de la década de los sesenta. Los medianos. La delgadez extrema de uno contrasta con el cuerpo fuerte del otro, desbordante de salud al primer golpe de vista. Charlan animadamente por una ciudad que ya no nos es ajena. Un punto de destino inevitable, el centro neurálgico de nuestro cariño y oraciones.  Nos atrae como un imán porque este "joven" paciente de la CUN  es el tesoro de su familia y muchísimos amigos.

Todos hubiéramos dado todo, pero solo el tercero es compatible. ¿Qué pasa por la mente de un hermano que sabe que puede salvar la vida al otro, que posee un órgano decisivo porque alberga las células madre para sanar una médula inservible? Daría la vida por ti, si de mí dependiera, si estuviera en mi mano... Y mi hermano donante puede dar, solo él, lo que lo mantiene vivo para remontar la vida de mi hermano enfermo.  Para seguir con vida... cuento contigo. Inmenso y rotundo.

Las circunstancias laborales, familiares... los han llevado por caminos distintos, entornos distintos. Tantos años lejos. Ahora, la sangre limpia de uno se prepara para renovar y nutrir. La Providencia  ha permitido que lo que se perfilaba como improbable, tan solo un futurible, se pudiera conjugar en presente.

Los miro. De lejos, de cerca. Bromas a propósito de las extracciones, del sinfín de pasos que dicta el protocolo, mientras se toman esa limonada tras exprimir los limones caídos sin previo aviso, hace apenas dos meses.

Dios los bendiga. Él sabe cuánto los quiero.