Las tardes son algo más frescas. Me escondo siempre que puedo en la mesa de la terraza. Leo, escribo... A mi manera rezo. Es más fácil a cielo abierto, observando los árboles de hoja perenne. Tras ellos se intuye el mar. Presiento un otoño tibio como las lágrimas dulces y sosegadas. Es el pre invierno mediterráneo. Cala despacio. Solo lo advierto cuando no noto los pies y me abrigo los brazos con los propios brazos.
Sin querer, como la languidez de un suspiro, ha llegado el otoño.
"... soy un fue, y un será, y un es cansado..." No he tenido reposo este verano. Respira, respira. Está cerca el alumbramiento aunque la luz se va escondiendo y se planta la noche. Me voy a hacer la cena. Rompe el silencio el chasquido de los tenedores preparando tortillas sin pan.
Y "el pan nuestro de cada día dánosle hoy".Y mañana. La Esperanza también.

