La adultez primeriza tiene eso, que oyes hablar a los adultos con más quilómetros de rodaje y sonríes, en el mejor de los casos. No digo ya si uno se cree que su experiencia personal es la única que cuenta.
Se quejan de sus dolencias y se les manda a paseo; dicen que están solos y les endosarías a toda tu prole para que dejen de lamentarse. Esquivas sus llamadas porque "seguro que me cuenta lo mismo que ayer".Tal vez algunos no se vean reflejados en estas actitudes que rozan el maltrato. En primer lugar porque hay gente buena, buenos hijos que no pierden el norte. También porque, a Dios gracias, ha quedado atrás la vorágine de los días apretados de trabajo, niños que lloran - se hacen pis - enferman de un día para otro - vomitan en el sofá; las jornadas interminables de deberes que no encajan en un horario decente; las escolarizaciones complicadas; los palos económicos y todos los etcéteras que me he dejado... Y la vida te da una tregua. De momento no sabemos que es solamente una tregua, un estacionamiento temporal, hasta que entran en casa las adquisiciones de todo lo que los ciudadanos recogen por el camino de la libertad recién estrenada. Pero este es otro asunto que daría para más de un post.
Después de haber cruzado la barrera de los cincuenta... ¿no podría haberme dado cuenta antes?, me da por fijarme en cuántas personas de mi edad tienen todavía padre y madre como yo, con la salud suficiente para valerse por sí mismos, con la mente despejada para dar el consejo oportuno... Pocas, muy pocas. Ahora me cuesta menos esfuerzo entender el concepto de anciano. Ante un bebé es difícil no derretirse; y el único mérito que ha acumulado es el de haber nacido. En nada nos plantamos en el hospital para hacerle monerías y arrumacos. "¿Lo puedo coger en brazos?"... y la madre se acuerda por la noche de todos los visitadores que han desfilado por la habitación.
Con las personas mayores las efusiones son menos espontáneas. Las visitas suelen espaciarse. Siempre hay algo más urgente que reclama nuestra atención. Y a veces sucede... No estábamos preparados para una despedida definitiva. El tiempo se gastó en otras prioridades.
La generación de mis padres es la que nació en la guerra, se crió en la postguerra, las carencias de alimentación les pasaron factura en la madurez mientras se dedicaban a sacar a los hijos adelante. Y los hijos pensaron que esa lucha sin cuartel les venía a sus progenitores de serie. Y hasta hoy. Se han ganado el CUM LAUDE... pero se merecen disfrutarlo en vida.
Con las personas mayores las efusiones son menos espontáneas. Las visitas suelen espaciarse. Siempre hay algo más urgente que reclama nuestra atención. Y a veces sucede... No estábamos preparados para una despedida definitiva. El tiempo se gastó en otras prioridades.
La generación de mis padres es la que nació en la guerra, se crió en la postguerra, las carencias de alimentación les pasaron factura en la madurez mientras se dedicaban a sacar a los hijos adelante. Y los hijos pensaron que esa lucha sin cuartel les venía a sus progenitores de serie. Y hasta hoy. Se han ganado el CUM LAUDE... pero se merecen disfrutarlo en vida.
