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martes, 4 de febrero de 2014

Añoranza.


"Si piensas que perderás, ya has perdido" (*)

La estancia se ha quedado muda; conserva, no obstante, la sombra deslucida de las horas de sueño y sueños en un dormitorio juvenil desordenado, de una presencia desbordante, inquieta e incombustible,  de horas atiborradas de palabras con más de sesenta minutos, de risas y enfados que llegan a buen puerto. 

El eco del trasiego constante, ininterrumpido... se desvanece con los días. 

Y el silencio extraño y desconocido, de una ausencia nueva e inesperada, revienta los tímpanos. La memoria de quien añora dibuja la silueta, los abrazos en los que cabe toda una historia difícil de contar, la despedida "hasta pronto" con fecha incierta.

Empieza una nueva etapa: aprender a quedarse y dejar marchar. 




(*) Gracias, Mariona.



lunes, 4 de marzo de 2013

Esas presuntuosas atalayas


El sábado hablamos un largo rato por teléfono. Es una buena amiga... Sintonizamos. Me contaba asuntos de hijos que inician la adolescencia. Está harrrta... Pues claro. No es difícil de entender. En cambio, tiene la sensación de ser la única que batalla... la única a la que le cuesta echar un pulso a una "jefa" en potencia. Las "mamás-de-corrillo" calladas como muertas, porque antes muertas que sencillas; no vayan a pensar que mi niña o mi niño no son perfectos.  Las maduritas porque van muy pero que muy sobradas de experiencia y escasas de memoria. Estas son las de mi quinta.

Algunas de mi quinta observan las batallas de los más jóvenes desde una atalaya en la se ve todo reducido; también los problemas. Eso es lo que tiene la distancia cronológica. Las primeras salidas, el primer cine sin los padres, la primera fiesta ¿habrá alcohol?... todo lo que vivimos con cierto temor... que si es demasiado pronto o no, si estas amistades son trigo limpio o no lo vemos claro... se hablan con la pobre "primeriza" como si en su día no nos hubiera causado inquietud. Y nos preocupaba... y hacemos como si no. Los que están literalmente acorralados con las "crecidas" de sus ciudadanos a veces dicen SOS. No preguntan qué hiciste sino qué hago. Necesitan algún buen consejo pasa SU situación... Si no lo tenemos, dejar hablar es un buen desagüe. 

¿Por qué esta necesidad de demostrar constantemente que somos estupendos? ¿Tan humillante es que se sepa que también hemos llorado de agotamiento por la tensión de un interminable fin de semana con adolescentes?  ¿Pasa algo por explicarle a la pobre "primeriza" que se cometen errores "fíjate qué pifia ... lo que hacen los nervios..."? Yo lo hubiera agradecido. 


La  paciencia es la clave... Al final, madre solo hay una:-)