Iba a decir que este post lo escribe una católica. Como si mi fe fuera un sobretodo de quita y pon. Rectifico pues. Aquí siempre escribe una católica, sea del tema que sea, divino o humano... Con más o menos errores, de bulto o sutiles, mi perspectiva es de creyente practicante, perteneciente a la Iglesia que fundó Jesucristo. Formo parte de un Cuerpo Místico donde todos sus miembros tienen su función, aunque solo sea la de un pedazo de epidermis.
La introducción es importante para poder explicar lo que hoy quería tratar en esta ventana. Mis tragaderas no pueden engullir más. Ya no más. A esta parte de epidermis le ha salido un sarpullido. Ha terminado el Sínodo de la familia. La Iglesia ha abierto sus puertas y hemos podido seguir -quien ha querido- el día a día de las ponencias e intervenciones de sus participantes. Los participantes, lógicamente, han participado. Esa era la idea. Y las ideas de los participantes no se han ocultado. Lógicamente también. Hasta ahí todo normal. Lo que no me parece tan normal son determinadas actitudes que se han hecho eco de lo que les ha rechinado o escandalizado. Desde un púlpito que no les corresponde, se alzan con esa postura que toda la vida de Dios se ha denominado "ser más papista que el Papa". Se comparten publicaciones en las redes sociales sobre intervenciones que el propio Papa Francisco ha calificado como "discusiones animadas" y estos ellos consideran poco apropiadas según SU criterio.
Ya sé que no se lleva. Pero dejadme que lo diga. Amo la Iglesia y a su cabeza visible. Seguro que podría amarla más y mejor. Pero hay algo que tengo claro; no es ningún mérito... me lo enseñaron desde pequeña y en estos momentos lo agradezco más que nunca. Los trapos sucios- si es que los hay- se lavan en casa. Me parece un desacierto airear en los medios-cualquier medio- lo que se considera "desacierto" solo porque no nos entra por el oído derecho... El Sínodo termina dentro de un año, en octubre de 2015. Podríamos invocar al Espíritu Santo y dejar que hagan bien su trabajo a quienes les compete, por el bien de todas las familias del mundo.
Ya sé que no se lleva. Pero dejadme que lo diga. Amo la Iglesia y a su cabeza visible. Seguro que podría amarla más y mejor. Pero hay algo que tengo claro; no es ningún mérito... me lo enseñaron desde pequeña y en estos momentos lo agradezco más que nunca. Los trapos sucios- si es que los hay- se lavan en casa. Me parece un desacierto airear en los medios-cualquier medio- lo que se considera "desacierto" solo porque no nos entra por el oído derecho... El Sínodo termina dentro de un año, en octubre de 2015. Podríamos invocar al Espíritu Santo y dejar que hagan bien su trabajo a quienes les compete, por el bien de todas las familias del mundo.




